sábado, 25 de julio de 2015

TROFEOS DE CAZA...FOTOGRÁFICA

Topi

Girafa - Jirafa


Elefant - Elefante


Búfal -Búfalo


Gacel·la - Gacela


Impala


Facoquero - "Pumba"


Àguila


Nyu - Ñu


Babuí - Babuino


Estruç - Avestruz


Zebra - Cebra


Hipopótam - Hipopótamo



Tortuga


Hiena


Cocodril - Cocodrilo


Voltor - Buitre


Secretario


Leopard - Leopardo


Cigonya - Cigüeña


Guepard - Guepardo



Lleons - leones


Xacal - Chacal


Rinoceront - Rinoceronte


Allí siguen, tan tranquilos.

viernes, 24 de julio de 2015

COTIDIANO Y EXTRAORDINARIO. Reflexiones finales.

¿Qué ha pasado en realidad? No lo sabemos con absoluta certeza pero lo hemos estado comentando con Jackson, que conoce bien los animales del Parque y hemos esbozado la siguiente hipótesis.

Las dos leonas impasibles en el borde del camino no estaban vigilando los grandes grupos de cebras en la lejanía, más allá del río; estaban demasiado lejos y fuera de su alcance. En realidad estaban concentradas en la cacería de otra u otras compañeras en la misma orilla del río. Tiene sentido pensar que algunas leonas queden apostadas en los márgenes del río esperando que algún componente de la gran migración se acerque a saciar su sed al río mientras el resto de la manada aguardan ocultos en un lugar cercano.

Cuando el escandaloso mono se ha puesto a gritar, lo ha hecho tanto por advertir la presencia de nuestras leonas como por la del grupo que aguardaba más atrás, bajo los árboles, y que podía haber descubierto perfectamente desde su elevada posición.

Incluso puede que sus gritos hayan impulsado a las cazadoras a ejecutar su acción depredadora sobre la cebra y la gacela que después hemos visto muertas en el río, ante el temor de que las presas las descubrieran por la alerta. En realidad, las leonas que estaban vigilando desde el camino han empezado a moverse cuando el mono ya llevaba un buen rato chillando. No se levantaban fastidiadas por los gritos del mono, como yo suponía erróneamente, sino satisfechas, para avisar al resto de la manada porque sus compañeras habían conseguido las presas.

El incidente de los elefantes ha sido un obstáculo inesperado para los leones, que pretendían acceder al río por esa zona menos expuesta. Sin embargo no les ha impedido llegar hasta las presas porque finalmente lo han hecho por el camino. Es lo que tiene ser el rey de la sabana (con permiso de los elefantes), que no tienen que esconderse si no es para cazar.

La captura de las presas había sido previa al movimiento de nuestras leonas porque cuando hemos llegado al río siguiendo a la manada de leones, tres o cuatro coches ya estaban apostados en la orilla con observadores fotografiando el resultado de la cacería. Nosotros hemos presenciado los movimientos de la manada mientras que en la otra orilla veían como se ejecutaba la cacería principal.

He escrito este relato por partes. Lo he empezado esa misma tarde, en el campamento de Serengueti, mientras se ponía el sol tras unas colinas solitarias al fondo de sabana.




Un segundo fragmento lo he redactado en otro campamento en la cima de la gran depresión circular del Parque Nacional de Ngorongoro, a 2.400 metros de altura al nivel del mar. Es, sin duda, una de las más hermosas maravillas naturales del Mundo, muy bien conservada por los tanzanos.




He terminado el texto en Arusha, la segunda ciudad más importante de Tanzania; base de salida y de llegada de los safaris a los Parques Naturales del país y final de nuestro trayecto; a pocos kilómetros de las nieves del Kilimanjaro; mientras veía trepar y saltar a los monos de cara negra por las acacias del jardín.

Africa no sólo son malas noticias. Esto también es Africa, Jackson también es Africa, una Africa que es increible hasta que la pisas y la ves.

Arusha, 8 de julio de 2015

jueves, 23 de julio de 2015

COTIDIANO Y EXTRAORDINARIO. Parte 3.


Ponemos el todoterreno en marcha y nos acercamos al lugar en el que han salido del camino. La zona del río hacia donde se dirigen ahora está ocupada por la familia de elefantes que hemos visto antes. Han seguido su cauce por la orilla disfrutando de sus hierbas y carrizos. Felices por la abundancia de jugosa comida aún no se han percatado del numeroso grupo de leones que se les están acercando.
Los leones avanzan decididos hacia el río. Desde nuestra posición con los prismáticos los vemos aparecer y desaparecer entre los arbustos.

El choque es repentino. Da la sensación de que los dos grupos se encuentran frente a frente por mutua sorpresa: la leona que conduce el grupo es descubierta por una de las elefantas que protege el grupo. Su reacción es instantánea: se da la vuelta y encara al grupo de leones, golpea con fuerza el suelo con su patas delanteras, levanta su trompa y agita sus orejas mientras barrita con potencia. La flanquean dos elefantas tan fuertes y enormes como ella, con la misma actitud. Los leones se estremecen y se baten en retirada, sin dudarlo ni un instante, al trote, intentando no perder su dignidad.

Nosotros hemos observado la escena desde el camino, un poco más adelante. Los leones van saliendo del prado y vuelven al camino, por nuestra izquierda, en dirección al cruce que hay a unos 100 metros. Parece que no abandonan su intención de llegar al río. El grupo de elefantes, ahora en estado de alerta, no abandona su posición defensiva hasta que no queda ninguno.




Se abre un nuevo escenario. Hemos seguido a los leones hasta que han alcanzado el cruce del río. Todo el grupo se ha ido reuniendo allí. Aparcamos el coche a una cierta distancia desde donde los vemos bebiendo. Nos sorprende ver que en la otra orilla se agrupa un montón de vehículos con turistas como nosotros contemplando la manada. Contamos veinticinco. Cuando nos acercamos un poco más descubrimos la razón de tanta expectación.

Los leones están medio fuera, medio dentro del río devorando una cebra. Desgarran con sus colmillos su carne y sus entrañas. En ausencia del macho, las leonas tienen preferencia y son las que se están llevando la mejor parte. Algún cachorro que intenta acercarse recibe sonoros bufidos de los adultos.
No hay cordialidad mientras  se come. Vemos una leona de un siniestro color oscuro, casi negro, por la gran cantidad de barro que lleva impregnada en su piel, que se aparta del grupo hacia una loma cercana con una gacela sin piel en la boca.

Estamos un buen rato y ni nosotros ni ninguno de los veinticinco de la otra orilla cruza el río por el camino. Todos damos marcha atrás.


COTIDIANO Y EXTRAORDINARIO. Parte 2.

Nos hemos quedado un buen rato al lado de las leonas, que no han dejando de mirar en dirección al río. Hemos estado esperando si efectuaban algún movimiento, aunque sólo fuera para adivinar cuales eran sus intenciones pero, ante su pasividad, hemos optado por continuar la visita.

Avanzamos unos metros en dirección al cruce. Antes de llegar encontramos dos babuinos andando en sentido opuesto al nuestro. Pasan cercanos al coche y continúan en dirección hacia la posición de las leonas. Jackson da la vuelta para seguirlos y ver como reaccionan las leonas ante los simios. Vemos como los babuinos, que andan paralelos al camino ignorantes de la presencia de los depredadores, de repente cruzan a la derecha y toman un sendero entre en dirección al río. Los perdemos de vista entre la hierba alta. Nosotros seguimos el camino hasta la zona donde siguen inmutables las leonas. Damos la vuelta al coche otra vez ya que prevemos que no va a haber encuentro entre leonas y babuinos.



Mientras tanto, vemos aparecer uno de los monos en una zona despejada al lado del río, a unos 50 metros de nosotros (y de las leonas). Por instinto o por precaución, se encarama a una de las acacias y descubre a las leonas. Inmediatamente empieza a aullar con un escándalo impresionante, avisando a su compañero y al resto de seres vivos a un radio de 300 metros.

Las leonas han sido descubiertas. Parece que su cacería ha terminado y que las manadas de cebras podrán continuar su migración con dos depredadores menos al acecho.

La leona joven se levanta con una expresión que me parece molesta con los gritos y fastidiada por el desenlace de su vigilancia. Posteriormente me daré cuenta de que soy incapaz de interpretar la expresión de una leona, como debería ser obvio para un forastero inexperto como yo. Pasa junto a nuestro coche (sigue ignorándonos en contraste con la atención que nosotros le prestamos) y cruza el camino adentrándose en el prado que queda a la derecha y hacia la parte posterior del coche, alejándose del río. Va en dirección  a una zona de hierba alta con algún arbusto y unas pequeñas acacias, a unos 100 metros de nosotros. La otra leona también se levanta y sigue sus pasos.



Seguimos su retirada con la mirada y, de repente, vemos que bajo las acacias del prado aparecen cabezas y orejas que destacan por un tono marrón más oscuro que la hierba amarilla. Se levanta una manada de leonas con sus cachorros, algunos muy jóvenes. Se levantan todos a la vez y empiezan a andar hacia nuestro coche. No vemos ningún león macho adulto. El rey no está. Contamos hasta dieciocho en total, incluyendo las dos leonas vigilantes.

 









El babuino ha dejado de chillar. No se  mueve del árbol. Nosotros no nos movemos del coche, contemplando sus movimientos. Nos rodean. Jackson sube el cristal de la ventana.
Pasan de largo por el camino y se adentran a la izquierda, frente al coche y entre la hierba, en dirección al río.

sábado, 18 de julio de 2015

COTIDIANO Y EXTRAORDINARIO. Parte 1.

Hemos despachado nuestra lunch box en una area de picnic situada en un promontorio en el interior del Parque Nacional de Serengueti. Al tratarse de una posición elevada y despejada, otorga una cierta seguridad ante la posibilidad de ataques de depredadores. Son las dos de la tarde, el día es claro; sólo algunas nubes decoran el paisaje. Hace un calor seco pero no excesivo; no molesta. Rachas de fina brisa nos refrescan un poco mientras regresamos hacia el río por donde hemos pasado antes de la comida.

Los ríos del Parque sorprenden: en algunos lugares parecen riachuelos que se podrían cruzar a pie  (hecho nada aconsejable por lo que veremos luego y, por otra parte, totalmente prohibido por las normas del Parque) mientras que en otros, acumulan agua con suficiente profundidad como para albergar manadas de más de veinte hipopótamos. El camino que nos ha llevado hasta la zona de picnic lo cruzaba en un punto con una profundidad hasta el tobillo y una anchura de un par de metros. Es hacia donde nos dirigimos en este momento.

De vuelta a las cercanías del río encontramos una familia de elefantes que ya hemos visto por la mañana. Nos hemos fijado en ellos porque había muchos, unos veinte, con varias crías. Una de ellas, la más pequeña, juguetona y traviesa, iba molestando a grandes y pequeños con ganas de juerga. El grupo se había desplazado de la posición  que ocupaban por la mañana siguiendo el cauce del río en dirección al cruce con el camino. Disfrutaban de la hierba alta, fresca y verde de sus orillas.

Unos minutos más adelante vemos una pareja de leonas tumbada al borde del camino. Están a menos de 5 metros del coche y permanecen impávidas oteando el horizonte lejano sin dar muestra alguna de percatarse de nuestra cercana presencia. Aparentemente, nos ignoran. Podemos contemplarlas a nuestro antojo. Vemos que una de ellas lleva una cinta de cuero en el cuello. Jackson nos cuenta que ha sido marcada por los guardas del Parque para ubicarla y seguir sus movimientos. Le calcula unos doce años de edad. Nos dice que la media de vida de los leones es de veinticinco años. Abre bastante la boca para respirar y se le ve uno de los colmillos mellado y muy desgastado. La otra leona tiene un tamaño inferior; parece más agil y es más joven. Jackson le estima unos siete años de edad.

Las leonas están quietas pero no relajadas. No apartan la vista de algún punto más allá del río. Nos parece que vigilan unos prados lejanos donde pastan varias manadas de cebras y algunos ñus y gacelas. Forman parte del grupo de cola de la gran migración hacia el Norte, un fenómeno natural extraordinario que se sucede cada año en el que millones de animales, ñus, cebras, antílopes y gacelas, se desplazan desde los pastos secos del Sur hacia el Norte, a las tierras keniatas de Masai Mara, soslayando nuestros engorrosos trámites de frontera pero enfrentándose a los depredadores que les acosan en su camino y a los que les están aguardando en su paso por el río Mara. Ayer vimos los innumerables grupos de cabeza de la migración, unos treinta kilómetros después de la entrada del Parque, en la zona de Grumeti.  Jackson nos explica que los guías de esta gran expedición son las cebras. Ellas recuerdan las rutas y saben cuando es el momento de iniciar el recorrido. Nos cuenta que los ñús son la especie más numerosa y que se limitan a seguir a las cebras-guía. Éstas, no obstante, astutas y conocedoras de los peligros que les acechan, mandan a los ñus por delante para ir satisfaciendo las hambrientas ansias de los depredadores. Ellan pasarán cuando cocodrilos, hienas, leones y leopardos estén cansados y saciados.



viernes, 17 de julio de 2015

CAZA MATINAL EN SERENGUETI



No se puede decir que Tanzania sea un país pequeño. España, por ejemplo, tiene unos 500.000 km2 de extensión. Tanzania tiene unos 950.000, casi el doble. En habitantes, frente a los 46 millones de España tenemos a 42 millones de personas en Tanzania. Y antes del viaje ni siquiera lo sabía situar en el mapa, igual que la mayoría de los países africanos. Africa es el gran continente olvidado, del que sólo recibimos malas noticias y, quizás por eso, al que nunca dirigimos la mirada.

Tras unos días de visita en el Parque Nacional de Masai Mara, en Kenya, y una rápida visita al Lago Victoria, ya en suelo tanzano, hemos amanecido en un campamento en el centro de los 15.000 km2 del Parque Nacional de Serengueti. El sol aparece entre las seis y las seis y media. Estamos a principios de julio y nos encontramos a una altitud de unos 1300 metros por encima del nivel del mar. Nos dicen que estamos en invierno. Lo cierto es que ya desde buena mañana hay suficiente abrigo con una camiseta de manga corta.

Nos ponemos en marcha bien entrada la mañana, a las nueve y cuarto. Ayer tuvimos un día largo y agotador. El campamento está situado en un promontorio y descendemos a la inmensa sabana por una pista de suave pendiente. A nuestro alrededor, vemos horizonte por los cuatro puntos cardinales. Me da la extraña sensación que puedo apreciar la esfericidad de la Tierra. Acacias y animales salpican las grandes extensiones de hierba verde y amarilla.

Al cuarto de hora encontramos un todo terreno como el nuestro detenido en el camino. Es un seis plazas con el techo pop up que permite una visión de 360º y te protege del sol. Jackson, nuestro amable guía tanzano, pregunta en swahili al guía del otro coche si están observando algo. Este nos señala el lugar donde hay un guepardo agazapado entre unos arbustos. Un poco más allá, a unos veinte metros, en un claro de hierba baja, vemos una pareja de chacales comiendo. Justo en ese momento, aterriza un águila entre los dos con la intención de robarles su pitanza. La reacción es rápida: se apartan de un salto agarrando un pedazo de carne cada uno y se alejan del lugar.

Nos acercamos al guepardo. No se mueve. No situamos casi encima de él; lo vemos al lado de las ruedas del coche y sigue sin moverse aunque expresa un creciente nerviosismo porque estamos invadiendo su zona. Vemos por qué. Tiene a su presa muerta a su lado. Se trata de una gacela y no quiere que se la quite nadie.

Permanecemos durante un rato a su lado, sacando fotos y contemplando su hermosa estampa. El guepardo, empujado por el hambre o aceptando que no somos ningún peligro para él, empieza a comer desgarrando la suave piel de su víctima y atacando sus entrañas.

Unos metros más allá, dos gacelas contemplan la escena. Quizás sean los compañeros o familiares del animal cazado. Ni se acercan ni se van.

La vida en la sabana continúa.


Parque Nacional de Serengueti, 6 de julio de 2015