Las dos leonas impasibles en el borde del camino no estaban vigilando los grandes grupos de cebras en la lejanía, más allá del río; estaban demasiado lejos y fuera de su alcance. En realidad estaban concentradas en la cacería de otra u otras compañeras en la misma orilla del río. Tiene sentido pensar que algunas leonas queden apostadas en los márgenes del río esperando que algún componente de la gran migración se acerque a saciar su sed al río mientras el resto de la manada aguardan ocultos en un lugar cercano.
Cuando el escandaloso mono se ha puesto a gritar, lo ha hecho tanto por advertir la presencia de nuestras leonas como por la del grupo que aguardaba más atrás, bajo los árboles, y que podía haber descubierto perfectamente desde su elevada posición.
Incluso puede que sus gritos hayan impulsado a las cazadoras a ejecutar su acción depredadora sobre la cebra y la gacela que después hemos visto muertas en el río, ante el temor de que las presas las descubrieran por la alerta. En realidad, las leonas que estaban vigilando desde el camino han empezado a moverse cuando el mono ya llevaba un buen rato chillando. No se levantaban fastidiadas por los gritos del mono, como yo suponía erróneamente, sino satisfechas, para avisar al resto de la manada porque sus compañeras habían conseguido las presas.
El incidente de los elefantes ha sido un obstáculo inesperado para los leones, que pretendían acceder al río por esa zona menos expuesta. Sin embargo no les ha impedido llegar hasta las presas porque finalmente lo han hecho por el camino. Es lo que tiene ser el rey de la sabana (con permiso de los elefantes), que no tienen que esconderse si no es para cazar.
La captura de las presas había sido previa al movimiento de nuestras leonas porque cuando hemos llegado al río siguiendo a la manada de leones, tres o cuatro coches ya estaban apostados en la orilla con observadores fotografiando el resultado de la cacería. Nosotros hemos presenciado los movimientos de la manada mientras que en la otra orilla veían como se ejecutaba la cacería principal.
He escrito este relato por partes. Lo he empezado esa misma tarde, en el campamento de Serengueti, mientras se ponía el sol tras unas colinas solitarias al fondo de sabana.
Un segundo fragmento lo he redactado en otro campamento en la cima de la gran depresión circular del Parque Nacional de Ngorongoro, a 2.400 metros de altura al nivel del mar. Es, sin duda, una de las más hermosas maravillas naturales del Mundo, muy bien conservada por los tanzanos.
He terminado el texto en Arusha, la segunda ciudad más importante de Tanzania; base de salida y de llegada de los safaris a los Parques Naturales del país y final de nuestro trayecto; a pocos kilómetros de las nieves del Kilimanjaro; mientras veía trepar y saltar a los monos de cara negra por las acacias del jardín.
Africa no sólo son malas noticias. Esto también es Africa, Jackson también es Africa, una Africa que es increible hasta que la pisas y la ves.
Arusha, 8 de julio de 2015
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