jueves, 23 de julio de 2015

COTIDIANO Y EXTRAORDINARIO. Parte 2.

Nos hemos quedado un buen rato al lado de las leonas, que no han dejando de mirar en dirección al río. Hemos estado esperando si efectuaban algún movimiento, aunque sólo fuera para adivinar cuales eran sus intenciones pero, ante su pasividad, hemos optado por continuar la visita.

Avanzamos unos metros en dirección al cruce. Antes de llegar encontramos dos babuinos andando en sentido opuesto al nuestro. Pasan cercanos al coche y continúan en dirección hacia la posición de las leonas. Jackson da la vuelta para seguirlos y ver como reaccionan las leonas ante los simios. Vemos como los babuinos, que andan paralelos al camino ignorantes de la presencia de los depredadores, de repente cruzan a la derecha y toman un sendero entre en dirección al río. Los perdemos de vista entre la hierba alta. Nosotros seguimos el camino hasta la zona donde siguen inmutables las leonas. Damos la vuelta al coche otra vez ya que prevemos que no va a haber encuentro entre leonas y babuinos.



Mientras tanto, vemos aparecer uno de los monos en una zona despejada al lado del río, a unos 50 metros de nosotros (y de las leonas). Por instinto o por precaución, se encarama a una de las acacias y descubre a las leonas. Inmediatamente empieza a aullar con un escándalo impresionante, avisando a su compañero y al resto de seres vivos a un radio de 300 metros.

Las leonas han sido descubiertas. Parece que su cacería ha terminado y que las manadas de cebras podrán continuar su migración con dos depredadores menos al acecho.

La leona joven se levanta con una expresión que me parece molesta con los gritos y fastidiada por el desenlace de su vigilancia. Posteriormente me daré cuenta de que soy incapaz de interpretar la expresión de una leona, como debería ser obvio para un forastero inexperto como yo. Pasa junto a nuestro coche (sigue ignorándonos en contraste con la atención que nosotros le prestamos) y cruza el camino adentrándose en el prado que queda a la derecha y hacia la parte posterior del coche, alejándose del río. Va en dirección  a una zona de hierba alta con algún arbusto y unas pequeñas acacias, a unos 100 metros de nosotros. La otra leona también se levanta y sigue sus pasos.



Seguimos su retirada con la mirada y, de repente, vemos que bajo las acacias del prado aparecen cabezas y orejas que destacan por un tono marrón más oscuro que la hierba amarilla. Se levanta una manada de leonas con sus cachorros, algunos muy jóvenes. Se levantan todos a la vez y empiezan a andar hacia nuestro coche. No vemos ningún león macho adulto. El rey no está. Contamos hasta dieciocho en total, incluyendo las dos leonas vigilantes.

 









El babuino ha dejado de chillar. No se  mueve del árbol. Nosotros no nos movemos del coche, contemplando sus movimientos. Nos rodean. Jackson sube el cristal de la ventana.
Pasan de largo por el camino y se adentran a la izquierda, frente al coche y entre la hierba, en dirección al río.

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